La trampa de la frustración: ¿Motor de cambio o veneno para tu salud?

Caraota Digital
7 Min de Lectura
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Por María Laura García

Amigos, la frustración es, quizás, la emoción más frecuente en este mundo de inmediatez y, paradójicamente, una de las menos comprendidas por los seres humanos. Es el «ruido» que genera el choque entre nuestros deseos y la realidad. Son esos NO, a los cuales nos enfrentamos a diario.

¿Alguna vez te has detenido a identificar qué es realmente eso que sientes cuando las cosas no salen como esperabas? ¿Sabes identificar cuáles son o han sido tus frustraciones más profundas? La mayoría de nosotros caminamos por la vida reaccionando a este sentimiento sin ponerle nombre, ignorando que la frustración no procesada es una de las mayores anclas para nuestro desarrollo profesional y nuestras relaciones humanas.

La frustración es, en esencia, una respuesta emocional que surge ante la percepción de una barrera que nos impide alcanzar una meta o satisfacer una necesidad. Pero ¿qué genera realmente en nosotros? ¿Es solo mal humor o hay algo más profundo?

La biología de la frustración: Cuando el cerebro «Se traba en lo dañino»

Cuando nos sentimos frustrados, nuestro cerebro activa el mismo sistema de alerta que surge ante un peligro físico. Se produce un aumento inmediato de cortisol, la hormona del estrés; y adrenalina. El problema es que, a diferencia de un peligro real del que podemos huir accionando o corriendo, la frustración suele ser interna o situacional, es decir, se trata de una energía que nos tragamos y no gastamos.

Un estudio publicado en la revista Nature Communications sugiere que la frustración activa la amígdala y reduce la actividad en el córtex prefrontal, que es el encargado de la lógica y la regulación emocional. Esto explica por qué, bajo frustración, reaccionamos de forma impulsiva, agresiva o, por el contrario, nos hundimos en la apatía. Si no aprendemos a regular estas reacciones, el organismo entra en un estado de inflamación crónica. Sí, mis amigos, tristemente, la frustración no procesada nos enferma. Se ha vinculado con trastornos digestivos, tensión muscular crónica y un sistema inmunológico debilitado.

El estancamiento: El costo de NO «pasar la página»

¿Cómo gestionar la frustración para que no nos estanque? La Dra. Susan David, psicóloga de la Facultad de Medicina de Harvard y autora del aclamado libro “Agilidad Emocional”, sostiene que el problema no es sentir frustración, sino quedar «enganchados» a ella. Según la Dra. David, la rigidez emocional —el insistir en que las cosas «deberían» ser distintas— es lo que limita nuestro desarrollo personal y
profesional.

En el ámbito laboral, una persona que no tolera la frustración deja de innovar por miedo al error y deteriora su entorno social con quejas constantes. Por otro lado, el Dr. Albert Ellis, creador de la “Terapia Racional Emotiva Conductual”, explicaba que la frustración se vuelve patológica cuando se basa en creencias irracionales, como pensar que «el mundo debe ser fácil» o que «siempre debo obtener lo que
quiero».

Esta baja tolerancia a la frustración es la que destruye matrimonios y sociedades laborales, pues buscamos culpables externos en lugar de soluciones internas.

¿Cómo Superar la Frustración? Herramientas de los Expertos

Pasar la página no es olvidar; es integrar la experiencia sin que nos paralice. Aquí te presento una hoja de ruta basada en la ciencia del bienestar para que aprendas a transformar la frustración en sabiduría:

1. La Regla de los 90 segundos (Dr. Jill Bolte Taylor):

Científicamente, una respuesta emocional dura solo 90 segundos en el torrente sanguíneo. Si la frustración dura horas o días, es porque la estás alimentando con tus pensamientos. Cuando sientas que «estallas», observa la emoción, respira y déjala pasar sin juzgarla. No la reprimas, obsérvala como un espectador.

2. Reencuadre cognitivo (Martin Seligman):

El padre de la Psicología Positiva sugiere cambiar el estilo explicativo. En lugar de ver la frustración como un «fracaso permanente y personal», mírala como un «obstáculo temporal y específico». Pregúntate: ¿Qué parte de esto puedo controlar yo? Enfocarte en la acción posible reduce el sentimiento de impotencia.

3. Autocompasión radical (Dr. Kristin Neff):

Muchos nos frustramos con nosotros mismos por sentirnos frustrados. La Dra. Neff propone tratarnos con la misma amabilidad que trataríamos a un amigo. Acepta que eres humano y que el camino hacia cualquier meta importante incluye, por definición, momentos de estancamiento.

4. El Método del «Aún NO» (Carol Dweck):

La investigadora de Stanford, famosa por su teoría de la Mentalidad de Crecimiento, recomienda añadir la palabra «aún» a nuestras frustraciones. «No logré
el ascenso… aún». Esto cambia la estructura cerebral de un estado de cierre a uno de posibilidad y aprendizaje.

5. Descarga física del cortisol:

Dado que la frustración es una carga química en el cuerpo, el movimiento es esencial. No esperes a «sentirte bien» para hacer ejercicio; usa el ejercicio para drenar la frustración. Un estudio de la Clínica Mayo confirma que la actividad física ayuda a «limpiar» los receptores de estrés del cerebro, permitiéndote pensar con más claridad.

Finalmente …

La frustración es inevitable, pero el sufrimiento derivado de ella es opcional. Aprender a regular nuestras reacciones es el mayor acto de amor propio que podemos ejercer, pues nos libera del papel de víctimas y nos devuelve el poder de ser los arquitectos de nuestra propia evolución.

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