La comunidad cubano‑venezolana del condado Miami‑Dade protagonizó una emotiva jornada de oración por «la libertad de Cuba y Venezuela», en un acto que reunió a centenares de exiliados en la iglesia cristiana Presencia Viva, en Doral, en Florida (EEUU).
Convocados por la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), fieles, líderes cívicos y religiosos se congregaron el domingo bajo el lema “Oración por una Venezuela libre y una Cuba libre”, en un gesto que buscó reafirmar la unidad y esperanza de dos diásporas con mucha presencia en esa región estadounidense.
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Durante la actividad, Orlando Gutiérrez, secretario general de ARC, explicó que la jornada combinó una misa con espacios de reflexión espiritual destinados a fortalecer el ánimo de los exiliados y acompañar simbólicamente a quienes, dentro de la isla, también han iniciado cadenas de oración “por salvar a Cuba”.
Gutiérrez subrayó que el encuentro pretendía ser un momento de recogimiento y fe por la libertad de “todos los países cautivos de dictadura”, y expresó su convicción de que el pueblo cubano se acerca a un punto decisivo en su lucha por la libertad, destacando la importancia de la fortaleza espiritual en ese proceso.
Entre los testimonios compartidos por la agencia de noticias EFE, destacó el de la pastora Eida Diego, quien elevó una plegaria por Cuba, la tierra donde nació.
Conmovida, expresó su deseo de que llegue “un nuevo amanecer” para la isla, un tiempo en el que los ciudadanos puedan opinar libremente, sentarse a dialogar sin temor y elegir democráticamente a sus gobernantes.
Sus palabras resonaron entre los asistentes, muchos de ellos marcados por historias personales de persecución, migración forzada y separación familiar.

CAPTURA DE NICOLÁS MADURO
La jornada tuvo lugar en un contexto especialmente sensible para las comunidades del exilio, tras la reciente operación militar estadounidense del 3 de enero que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en territorio venezolano y su posterior traslado a Nueva York para enfrentar cargos vinculados al narcotráfico.
Este acontecimiento ha generado expectativas y tensiones dentro de la diáspora venezolana, que observa con atención los posibles efectos políticos y sociales de este hecho en la región.
En este escenario, la comunidad cubano‑venezolana en Miami se ha consolidado como un bloque de exilio altamente movilizado y articulado.
La detención de Maduro y las advertencias de la Casa Blanca al gobierno cubano han reforzado la cohesión entre organizaciones de ambos países, que trabajan de manera coordinada para impulsar presión internacional y respaldar procesos de transición democrática.
Mientras La Pequeña Habana continúa siendo el corazón histórico de la diáspora cubana, Doral —donde reside cerca del 40 % de los venezolanos del condado— se ha convertido en el epicentro de las actividades comunitarias venezolanas, reflejando la creciente fuerza política y social de este exilio binacional.

