El ghosting como el nuevo cáncer de la convivencia

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¿En qué momento decidimos que dejar a alguien con la palabra en la boca es una opción aceptable? Hoy quiero visibilizar con el ánimo que tomemos conciencia sobre una práctica que empezó en el mundo de las citas pero que, como si se tratara de un cáncer silencioso, se ha extendido a nuestras oficinas, a nuestros negocios y hasta a nuestras amistades más cercanas: el ghosting. Esa «desaparición» repentina, ese silencio cruel e injustificado que, para mí, es el grado más alto de mala educación y desprecio humano.

No se trata solo de un desplante romántico. Hablo del empleado que deja de ir a trabajar y no responde el teléfono, del jefe que ignora los mensajes de su equipo, del «amigo» que desaparece cuando ya no le eres útil, o del socio comercial que, tras semanas de negociación, simplemente deja de contestar. Es infame, es inhumano y es la muestra más clara de una preocupante falta de empatía y consideración por el prójimo.

WhatsApp: El campo de batalla de la indiferencia

El doble check azul se ha convertido en una herramienta de tortura psicológica. Entiendo que el teléfono puede ser invasivo, pero el silencio sistemático es una decisión consciente de ignorar la existencia del otro. Según el psicólogo Sherry Turkle, del MIT, la tecnología nos permite «escondernos» de las conversaciones difíciles. Al no ver el rostro de la persona a la que estamos ignorando, nuestra amígdala no registra el daño que estamos causando.

En el ámbito laboral, el ghosting rompe la confianza mínima necesaria para producir. Un líder que no responde o un proveedor que se esfuma no solo son ineficientes; son maleducados. Están diciendo, sin palabras: «Tu tiempo y tu trabajo no valen nada para mí».

La Cobardía de no dar la cara

¿Qué hay detrás de quien hace ghosting en los negocios o en la amistad? La mayoría de las veces es una profunda cobardía emocional. Como bien señala el sociólogo Zygmunt Bauman, vivimos en una «modernidad líquida» donde los vínculos son desechables. Si algo me incomoda, si no sé qué decir o si simplemente ya obtuve lo que quería, aprieto un botón y «borro» a la persona.

Este comportamiento genera en la víctima una respuesta de estrés agudo. La incertidumbre de no saber qué pasó eleva el cortisol a niveles tóxicos. La falta de modales y de decencia básica nos está enfermando socialmente, creando una comunidad de personas ansiosas, a la defensiva y profundamente heridas por la desconsideración ajena.

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Para este 2026, mi propuesta es iniciar una rebelión de la buena educación. Aquí te digo cómo:

  1.  Practica la responsabilidad afectiva y profesional. No tienes que decir que sí a todo, pero sí tienes que dar una respuesta. Un «no me interesa», «no puedo ahora» o «decidí no seguir con el proyecto» es mil veces más digno que el silencio. La claridad es una forma de caridad y de respeto por el tiempo del otro.
  2. El Silencio del otro no es tu culpa. Si te hacen ghosting en un negocio o en una amistad, no entres en el laberinto de la culpa. La falta de educación del otro habla de su carencia de valores, no de tu falta de mérito. Como dice la experta en relaciones Esther Perel: «La forma en que terminamos las cosas dice más de nosotros que cómo las empezamos».
  3. No te conviertas en lo que críticas. Aunque te lo hayan hecho mil veces, no lo repitas. Sé la persona que responde, la que da la cara, la que honra sus compromisos. La integridad es el activo más escaso y valioso que puedes tener hoy en día.
  4. Pon límites claros al desprecio. Si alguien te ignora repetidamente, retira tu atención. No ruegues por una respuesta profesional o personal de quien ya demostró que no tiene modales. El respeto se gana, pero también se exige manteniendo nuestra propia dignidad.
  5. Reivindica el valor de la palabra: En un mundo digital gélido, tu palabra debe ser tu contrato. Si dijiste que escribirías, hazlo. Si te comprometiste con una entrega, cúmplela. La buena educación es el pegamento que evita que la sociedad se desmorone.

La mala educación tiene muchas caras, pero el silencio cobarde es la más cruel de todas. No permitas que la tecnología sea la excusa para dejar de ser humano. Seamos valientes, demos la cara y recordemos que, del otro lado del mensaje, siempre hay un corazón y un tiempo que merecen respeto.

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