¿Por qué seguimos teniendo apéndice? Los nuevos hallazgos que revelan su importante función

Luis Alfredo Ledezma
4 Min de Lectura
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Un informe del biólogo evolutivo Scott Travers difundido por Forbes reunió evidencia reciente que reinterpreta el rol de este órgano en la salud humana / Archivo

Durante siglos, el apéndice humano fue catalogado como un vestigio evolutivo sin función aparente. Su pequeño tamaño y la frecuencia con la que debía extirparse en casos de emergencia reforzaron la idea de que se trataba de un órgano inútil.  

Sin embargo, nuevas investigaciones en biología evolutiva y microbiología están desafiando esta percepción histórica.  

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Estudios recientes, difundidos por el biólogo evolutivo Scott Travers en un informe para Forbes, revelan que el apéndice cumple un papel más relevante de lo que se pensaba, tanto que revivió el interés científico en una estructura que la medicina había relegado durante generaciones. 

Lo primero a tomar en cuenta, es que el debate sobre su utilidad se remonta a los tiempos de Charles Darwin, quien lo interpretó como un remanente de un ciego intestinal más grande presente en ancestros herbívoros.  

Esta explicación, aunque influyente, no lograba responder por qué el apéndice persistía en tantas especies de mamíferos ni por qué su forma variaba tanto entre ellas.  

Travers señala que esta diversidad anatómica, sumada a la falta de datos comparativos, dificultó durante décadas la comprensión de su función original.  

Además, la apendicitis —una afección común en humanos, pero prácticamente inexistente en otros animales— limitó la perspectiva evolutiva del órgano. 

¿QUÉ CAMBIÓ AHORA?  

El panorama cambió con el avance de los estudios sobre el microbioma intestinal. Una revisión publicada en 2025 en Gut Pathogens sintetiza la evidencia más reciente y propone una nueva interpretación: el apéndice funciona como un «refugio seguro» para bacterias beneficiosas.  

Lo que se explicó, es que, durante episodios de diarrea o infecciones severas, cuando gran parte del microbioma es arrasado, esta pequeña bolsa anatómica protege una reserva de microorganismos esenciales.  

Gracias a su ubicación estratégica, permite que estas bacterias recolonicen el intestino una vez superada la enfermedad, actuando como un sistema de respaldo biológico para mantener el equilibrio microbiano. 

Además de su papel como depósito bacteriano, el apéndice posee una alta concentración de tejido linfoide, lo que sugiere una estrecha relación con el sistema inmunitario.  

Esta característica facilita la interacción entre células defensivas y microbios beneficiosos, fortaleciendo la respuesta del organismo frente a agentes patógenos.  

Según el informe de Forbes, esta doble función —reserva microbiana e interfaz inmunológica— ofrece una explicación convincente sobre por qué el apéndice ha persistido a lo largo de la evolución, incluso si no es indispensable para la supervivencia en todos los contextos. 

Estudios científicos recientes descartan que el apéndice sea un vestigio inútil en la evolución humana / Archivo

¿PERO POR QUÉ SE PUEDE VIVIR SIN APÉNDICE?  

Una pregunta frecuente es: por qué la mayoría de las personas puede vivir sin apéndice sin consecuencias graves.  

Investigaciones recientes, como las publicadas en Journal of Personalized Medicine, indican que la ausencia de secuelas no implica que el órgano sea irrelevante.  

Más bien, el cuerpo compensa su función mediante otros mecanismos inmunitarios y microbianos.  

Además, en sociedades modernas, donde el acceso a agua potable, higiene y atención médica reduce drásticamente las infecciones intestinales severas, la presión evolutiva que hacía útil este «refugio bacteriano» ha disminuido, lo que explica por qué su función es menos crítica hoy que en épocas pasadas. 

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